¿La terapia gestalt a quién va dirigida?


La Gestalt va dirigida a personas que quieran encontrar claridad sobre sus conflictos, con ellos mismos o con su entorno, cerrar temas que en el día de hoy le siguen doliendo de su pasado, muchas veces de forma inconsciente, entender cómo ese pasado influye en ellas en el día a día, y fomentando el integrar pensamientos y sentimientos, en el aquí y ahora. Saber cómo llegó al día de hoy y en la situación concreta en la que se encuentra, encontrar su propio auto apoyo y poder decidir y saber cómo ir hacia lo que desea. 



La Gestalt también acompaña a personas que tienen problemas físicos creados por la tensión psicológica, no pueden establecer o mantener relaciones amorosas o de amistad, no saben lo que les pasa pero sienten mucha angustia que les paraliza o les impide pensar con fluidez y relacionarse con normalidad, atraviesan una crisis de pareja (divorcio, separación, duelo…) que les está afectando a la autoestima, y se sienten perdidos y deprimidos, personas que sientan angustia y ansiedad sin encontrar un motivo aparente no pueden contener las lágrimas por cualquier asunto, sienten que se deprimen, que les falta energía, ilusión por la vida.... En la base de la terapia Gestalt está implícito el proporcionar los medios necesarios para que la persona sea capaz de tomar consciencia de sí misma, facilitando así el proceso de maduración y responsabilidad individual.

Pretende sacar a la luz Gestalts inconclusas que no nos dejan ser felices en el aquí y ahora, ayudan a darse cuenta de las propias resistencias y a promover una mayor toma de consciencia. La suma de un buen trabajo personal lleva a facilitar que las personas disfruten del aquí y ahora, de su momento presente y que sean responsables de su propia vida y de sus decisiones.

Para conseguirlo, la persona en terapia Gestalt, tiene que arriesgarse a compartir sus propios pensamientos y sentimientos, y sobretodo saber que el terapeuta la acompaña en su proceso personal para encontrar la paz y el equilibrio, y que será ella la que realmente haga el trabajo interno, ya que el verdadero cambio lo hace la persona desde su interior, cuando realmente esté preparada y haya decidido mentalmente y corporalmente dar un gran paso hacia la vida.



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Las emociones



Al sentir una emoción que nos disgusta, como miedo o enfado, queremos controlarla para que desaparezca. Pero así sólo se intensifica. El mejor camino es ayudarla a madurar.
La melancolía, la ira, la ansiedad o el miedo son manifestaciones de nuestra mochila personal y de las circunstancias que nos rodean. Bien utilizadas, pueden impulsar nuestro crecimiento personal.
El hallazgo de los últimos años, es que las emociones contribuyen a nuestra inteligencia y nos empujan a resolver conflictos y avanzar.
En la escuela se valoraba mucho todo el conocimiento intelectual, nuestra cultura se basa en la razón y devalúa el conocimiento que proviene de las emociones, el gran desafío en el que nos encontramos en la actualidad es aprender a reconocer, gestionar y manejar nuestras emociones, desarrollar habilidades para comprenderlas y usarlas a nuestro favor.
Se puede empezar por reconocer cada emoción que vivamos, ponerle nombre, describirla y reconocer en que parte del cuerpo la sentimos. Para luego indagar sobre la causa que la ha provocado y las experiencias del pasado que pueden estar alimentándola.
Cooperar con las emociones que nos perturban es inteligente porque señalan qué nos está afectando y cómo podemos compensar una situación que nos ha desestabilizado. Una emoción se puede ir de verdad, cuando se le ha dado un lugar a lo que tienen que decirnos. Negarse a escucharla y creer que desaparecerá es obviamente una ilusión, es como si el cartero te trajera una factura y tú, por miedo a recibirla porque no tienes dinero, no abres la puerta y eliges sistémicamente no ver ni pagar la factura. La carta quedara en tu buzón, puede que se llene de más avisos hasta que llegue el día que llegues a casa y no tengas luz.
Nuestro cuerpo también nos avisa constantemente de todo lo que es importante de atender en nosotros, todo aquello por lo cual debería recibir nuestra atención, muchas veces por miedo a no saber que hay allí o no saber cómo hacerlo, nos negamos a escuchar las señales de nuestras emociones igual que la persona del ejemplo no quería recibir la factura.

¿Qué podemos hacer para reconocer nuestras emociones?
Cada vez que percibas una emoción, una irritación, una pequeña punzada en el pecho, una opresión en el corazón, un rechazo, un sentimiento de abandono, un atisbo de tristeza, una gran ilusión por conseguir algo, párate un momento, escúchate, siente que hay allí, respíralo, dale un espacio, no intentes ocultarlo. Acéptalo, Si lo ocultas o huyes de hacerte consciente, lo que haces es reprimirlo y se queda registrado en tu cuerpo, ese sentimiento no resuelto volverá a surgir una y otra vez cuando se le brinden oportunidades puede que en situaciones distintas o de formas distintas.

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¿Qué es la terapia Gestalt?


La Terapia Gestalt es de orientación humanista y está dirigida, sobretodo, al desarrollo personal.

Cuando me preguntan ¿qué es la terapia Gestalt? todavía en el día de hoy me quedo por unos segundos sintiendo lo difícil que se me hace poder explicar al otro mi entender. Así que ahora, desde la tranquilidad, voy a escribir lo que es para mí.
La Gestalt es una terapia experiencial, más que una teoría de la psiquis, es un eficaz abordaje terapéutico y una filosofía de vida que prima el conocimiento de uno mismo. Su máxima condición es el aquí y ahora, vivir y sentir el presente. El darte cuenta es la capacidad que tiene cada ser humano para percibir lo que está sucediendo, aquí y ahora, dentro de sí mismo y del mundo que le rodea. Darme cuenta de lo que hago, ser consciente de mi propia conducta para cambiar (si se quiere) ese patrón negativo, darme cuenta de lo que evito y darme cuenta de mis patrones repetitivos sin perderme en ellos, aceptar lo que soy sin buscar fuera el apoyo, no aceptar los deberías, hacerme cargo de mis propias acciones responsabilizándome de mi vida y de los propios actos en los procesos en curso, reconocer en cada momento donde quiero estar y aceptar las consecuencias, tanto de placer como de dolor, asumir la responsabilidad de mis propios pensamientos, sentimientos y acciones hablando en primera persona, desde el Yo (“yo pienso” en lugar de “lo que dicen sobre…”; “yo siento” en lugar de “se suele creer…”; “ yo hago” en lugar de “lo normal es hacer…” ). Acentuar en el cómo y en el para qué: ¿cómo me siento?, ¿cómo me siento en esta situación?, ¿cómo me siento ahora?, ¿para qué estoy haciendo esto?... dejando de lado el “porqué”. Y como terapeuta gestalt , tengo una tremenda fe en la capacidad organísmica del cuerpo para auto regularse de forma adecuada en una vida que nos exige muchos cambios y muy rápidos. 
                                                                                            

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