Tu bienestar, también depende de tus actuales creencias

Os propongo que revisemos juntos las creencias personales que tenemos adquiridas y cómo nos identificamos con ellas considerándolas una afirmación y verdad absoluta. Dichas creencias, junto con nuestro patrón de conducta, se fue creando durante la infancia, recibiendo (cuando éramos niños) mensajes e ideas de nuestros padres, profesores y nuestro entorno social… algunos explícitos, otros implícitos, los absorbimos dentro de nosotros mismos para poder vivir y funcionar en nuestra familia, en la escuela y en la sociedad. Dichos mensajes, a veces nos llegaban en forma de crítica: “¡Qué tonta eres! jamás vas a aprender”; otras veces, con refranes populares: “Los niños no lloran” y también, a modo de sentencia familiar: “En nuestra familia, todas las mujeres han trabajado en la tienda”. Estos mensajes, actúan grabándose en nuestros archivos de memoria y rara vez los cuestionamos, ya que el niño no tiene la capacidad de discernimiento de lo que está aprendiendo, nos los tragamos sin digerir, quedando profundamente arraigado en nuestro interior. Llegada a la edad adulta, pueden estar limitando nuestro presente o bienestar, sintiendo una pelea interior entre lo que nos dijeron, lo que pensamos y lo que sentimos. A menudo, rechazar alguna creencia religiosa o familiar que tenemos arraigada puede generarnos algún sentimiento de culpabilidad.

Como adultos, podemos ejercer un juicio crítico sobre nuestras creencias, ser consciente de ellas y cuestionarnos si nos sirven o no en la actualidad. Si observamos nuestro comportamiento en nuestra vida y en las diferentes relaciones que tenemos, podemos averiguar si nuestro patrón de conducta está regido por una creencia negativa. Dichas creencias pueden estar impidiéndonos que gocemos de una plena experiencia de la vida. Así, si por ejemplo de pequeña me decían que era tonta, puede que de adulta, esté intentando demostrar constantemente que no es así, haciendo un sobreesfuerzo energético y a la vez sintiéndome insegura con todo lo que pueda ir haciendo.

No dejes que tus creencias te impidan encontrar tu sentido del humor, disfrutar de tu sexualidad, perseguir tus sueños, encontrar un sentido a tu vida, tener relaciones más verdaderas, sentirte seguro con lo que quieres, haces y sientes, y poder hacer aquello que siempre deseaste hacer. Si reconoces tus creencias negativas, quizás te des cuenta que muchas de ellas ya no te sirven. En este momento surge un nuevo camino de más consciencia, sin tanto conflicto interno, sin tantas ataduras. Descubrir lo que realmente somos es el camino más directo hacia la Paz, el Silencio Interior, la Libertad y el Amor.




Tu bienestar, también depende de tus actuales creencias

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